Recuerdo su mirada triste, su decadente caminar, su vacia voz.
Todavía hay restos de tu existencia en mi bunker, en donde parapetado en silencios suelo recordar cuando laconicamente dijiste: ‘Te amo hijo de mil putas’ y jamás te volví a amar igual porque no te volví a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario