lunes, 31 de diciembre de 2012

10 de marzo de 2011, viaje en lsd.


Totalmente erguido y en la esquina de ese frío balcón, vió toda la ciudad a sus pies. Levitó brevemente por los focos de miseria, por las guaridas de comemierdas, los amplios campos del amor y por los monumentos de la ignorancia. La hermosa sensación de estar aterido lo dominó.
Esa noche roja no lo cambió, lo levantó y redimió. Al fin entendió que los acentos no tienen sentido, que las uñas se ensucian solas y que tener el pulso acelerado no es malo. Dejándose abrazar por la sucia tentación volvió a llorar, se relamió la cicatriz y se deprimió un poquito nada más por su nueva, aburrida y flamante felicidad.

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