Abro los ojos gracias al calor endémico de la costa sur guatemalteca. maldigo mi vida un par de veces antes de saltar de la cama, camino hacia el lavabo y veo mi prieta y demacrada cara en el espejo, trago un poco de agua y procedo con el resto de irrelevancias higiénicas que debe cumplir cualquier individuo. Procedo a adentrarme en las noticias del país y lamento otra vez haber despertado, digiero la noticias con un poco de café soluble y decido internarme en la cocina, me preparo un par de chácharas cuya única finalidad es que no muera de inanición.
Terminado todo el ritual de la mañana, salgo a la tienda a comprar unas cuantas cervezas y me siento frente el monitor para intentar escribir sobre sindicatos, incidentes de terminación de relación de trabajo y otras ficciones más. El día avanza y mi frustración crece al mismo ritmo en que se me dificulta plasmar coherencia en los análisis jurídicos chapurreados que se me ocurren. Decido que ya fue suficiente mierda, guardo las pocas líneas que avancé en una memoria usb (Sería genial tener un aparatito de esos para extraer cuestiones molestas de nuestro disco duro, pero no, no existe), sigo lamentándome sobre mi existencia mientras hilvano mil ideas hermosas e inalcanzables. Tomo mi libro y salgo apresuradamente de casa, no quiero regresar en un lapso prudencial, quiero otro poco de autoexilio para no terminar matando a alguien que no sea yo.
Espero el bus que me sacará de esta sucursal infernal y que me llevará a la embajada del egoismo e indiferencia, subo al bus haciendo el típico examen clasista que realizamos los guatemaltecos tratando de adivinar quien será el hijo de la gran puta que me asaltará y le llene de plomo el cuerpo a algún afortunado. Tengo miedo de tres fulanos quienes resultan ser tres pela gatos más que se dedican a hablar sobre fútbol guatemalteco, al mismo tiempo que fanfarronéan de las fornicadas épicas que le dan a las desgraciadas de sus amantes (¿Por qué contarán las aventuras sexuales que tienen con sus amantes y obvian a su pareja “titular”? Personalmente preferiría hacerle cuanta cochinada se me ocurra a mi pareja y no estarme metiendo con alguna furcia, pero bueno, esos son otros veinte pesos en la disertación), cierto no tienen armas pero eso no le quita lo horrendo e hijueputa de su existencia.
Llego a Guatemala y veo a una anciana vender periódicos mojados, siento lástima de su desdicha y le compro un periódico que termino tirando en el basurero, espero que llegue el bus que me saca de la terminal de buses. Al fin aparece el bus verde y decido sentarme atrás del conductor, saco mi libro y continuo mi lectura posmoderna mientras siento una presencia a mi lado en lo que antes era un asiento vacío. Volteo a ver y es una chaparra con los cabellos negros y lacios más oscuros que mi conciencia, la veo sacar un libro de su bolso y empezó a leer (Soy de esos que tartamudea cuando una dama le gusta ademas que soy de esos desgraciados que prefiere continuar su lectura así mismo no me gusta interrumpir a los demás cuando tienen un libro frente sus ojos) entonces entiendo que debo sacar mi libro y continuar pudriendo mi psiquis. El trayecto es lo suficientemente largo para que termine un cuento y sé que debo pararme para bajar en la parada de bus que me corresponde…
Me levanto del asiento, camino apresuradamente y antes de salir volteo a ver a la chaparra de cabellos azabaches. ¡SORPRESA, la desgraciadita me ve fijamente y no hay forma de evitar el contacto visual! La veo intento dibujar una sonrisa en mi amargado rostro y la mini ninfa satánica me devuelve la sonrisa, intento regresar a su asiento cuando un gordo desgraciado me empuja para salir del bus y se que la etapa procesal indicada para entablar contacto con ella ya había fenecido.
Así fue como un gesto pequeño hizo mi día, alegró mi lunes y me bastará para no preocuparme de que hacer con mis odios durante la semana. Llámenme conformista, huevos de agua y lo que quieran, pero soy un hombre de gustos simples, me conformo con poco para que todos puedan tener un poco de tanta miseria, me gusta ser así, me gusta embriagarme con sorbos de placer.
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