domingo, 31 de mayo de 2009

Pre- Cadáver.


    Despues de una dura semana, Pre-Cadáver comprendió muchas cosas. Entre ellas notó que el domingo es un buen día para descansar.

    Un buen día para sacar lo poco bueno de si y dejarse morir.

    Toda la semana pensó en la anciana que le auguró una muerte tortuosa e inmisericorde. La estampa de la señora era tan deplorable como la de un perro moribundo y su ignorancia comparable unicamente con el ego de Pre-Cadáver. 

    Era imposible no recordar tremendo monumento a lo maldito. Si, esa maldita anciana era la mensajera. Ella lo contagió de muerte, ignorancia y miseria.

    Recuerda sus arrugas insolentes y su aliento a tabaco y alcohol de manera clara. Unicamente pensaba en su miseria y decadencia, pero no sentía ni el mínimo de lástima.

    Vieja de mierda pensó al escuchar su miserable profecía. ¡Pobre Pre-Cadáver! No entendió que el remachaba su ataúd al pensar eso.

    Al pasar de los días entendió o se resignó a que moriría, no materialmente. Unicamente su ego terminaría aplastándolo. 

   ¡Pobre pre-cadaver!

    Pensó que morir por una inminente pérdida de amor propio y de todo sentimiento de hedonismo no sería gran cosa.  

   Bendita Soberbia, al abandonar a Pre-Cadáver este  entiende que al ser despojado de sus características malditas no es más que un ser extraño que está empezando a odiarse. 

   No solo fue despojado de sus entrañas, del poco amor que tenía y del que debía. Fue rellenado de apatía e indiferencia.

¡Pobre miserable! Al fin entendió que esa era la peor muerte que podía tener. 

(Para Cumbita!)

 

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