Con el rostro iluminado por una mísera e infima pantalla, saco memorias del armario de los recuerdos a medio sanar.
Leo insistentemente tus líneas, trato de encontrar mensajes inequivocos de nuestra codependencia.
Te recuerdo, te extraño y te lamento.
Imagínote desparramada en tu cama, con la mirada fijada en el techo blanco que nos vio revolcarnos con furia de adolecentes pueriles. Evoco tu aroma y tu voz ordenando que no vuelva a abandonar el lecho de amor que jugamos a construir y mantener.
No te quiero olvidar, pero en realidad te tengo que dejar de recordar. Tenemos media vida para hijueputear más corazones. Fue un verdadero gusto amarte.
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