Con ardor en los ojos reconozco que todos somos unos imbéciles. Malditos esclavos apestados. No actuamos conforme lo hablado, nos valemos de métodos de auto engaño para reflejar el yo que añoramos (y del cual distamos) ser.
Nos alimentamos de mentira, propia mentira. Esto representa un acto totalmente deleznable para si mismo. Creo que llego el momento en el cual debo decir que el auto engaño dejó de ser un arte y se convirtió en un enfermo estilo de vida.
Fuerte como la peor noticia. Dudo que exista mejor manera de enterarse de su miseria que por si mismo.
¡Ah, esos hermosos ataques de paranoia causados por la resaca del ego!
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