viernes, 12 de abril de 2013
Como los peces.
En esta gris y policlimática ciudad fui derritiendo mi esencia por poquitos, por pushitos, por abonos
En esta misma silla medité, deformé vidas, aceleré levemente los pasos de la inexorable y eficaz niña blanca
En esta misma tristeza quise abandonar todo lo que me ha reconfortado
¿Cuántas historias tristes existen en las miradas que cruzamos día a día?
¿Cuánto dolor enterrado en lo cotidiano?
¿Cuántas cosas hemos guardado en los espacios más oscuros del corazón por la terquedad de querer seguir avanzando?
No es necesario seguir, no tenés que encender la luz para poder ver tu entorno; algunos sentimos sin ver y nos movemos en la oscuridad con la misma gracia que los peces tienen para hacer suyo el mar.
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