Soy humano, soy una mierda, una mierda social y comercial.
Quiero a quien me quiere, quiero a quien quiero querer. Alimentadores de ego me rodean (amigos, pareja, putas, etc) y me mantienen a flote.
La metralla de verdad apaga al más fuerte amor.
Nos embriagamos lamiendo heridas ajenas, esperando cuidados extraños para la propia llaga.
Y ahora que prefiero preocuparme por mis heridas, no queda nada (más que mi paranoia) de que aferrarme.
Nunca nadie fue, es o será especial, solo supo hacerse querer con las movidas indicadas en las tragedias adecuadas.
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